sábado, 18 de septiembre de 2021

El zapatazo de Dios


Un hermano llamado Juan, cansado de tantas aflicciones, de tantas luchas, de muchas oraciones sin ser contestadas, de tanto tiempo sembrar y no recibir nada a cambio, lleno de contradicciones que lo ínico que hacian era hacer desfallecer su corazón más y más, comenzó a cuestionarlo todo, y entre esas cosas, su corazón cuestionó a su mismo Señor.

Preguntas tales como: ¿será que Dios me escucha? ¿será que verdaderamente El pone sus ojos en mi?, brotaban de lo más profundo de su corazón.


Un día cansado de tantas “desilusiones” y sin querer aceptar el trato de Dios, dispuso en su corazón hacer el último intento.


Alzó sus ojos al cielo y levantando sus manos exclamó lo que en su momento dijo que sería su última oración, y dijo: ” Señor, tanto tiempo te he buscado y nunca he recibido un toque tuyo, que si no siento tu mano, no podré seguir “.


Esta oración un tanto desafiante y otro poco arrogante , sin duda llegó al mismo altar de Dios. Al escuchar el Señor esta oración dijo ” Tanto tiempo hijo mío te he estado hablando y tú no has querido oir, y hoy te presentas ante mi, diciendo que no te he querido tocar. Pero aún así Yo sabré olvidar lo pasado, y te hare sentir mi mano”


Al domingo próximo, este hermano nuevamente asistió a la iglesia en su misma condición y sosteniendo la postura de su “última” oración.


Para eso El Señor tenía el escenario preparado para manifestar su gloria en la vida de Juan.


Durante la alabanza y adoración el esperado toque de Dios , se hizo esperar.

Llego el final de la prédica, y nada pasaba.


Juan totalmente desesperanzado, hizo desfallecer su corazón.


Al final de la reunión, el pastor que predicó esa noche siente la voz de Dios que le dice:”sácate el zapato y pégale al hermano que Yo te mostraré con el taco, lo más fuerte que puedas”.


El pastor, atónito con lo que acababa de escuchar y perplejo por no entender nada, preguntó ¿que has dicho Señor?.

Y El Señor con idénticas palabras volvió a decir lo mismo “Quítate el zapato y pégale con todas tus fuerzas a quien Yo te mostaré”.


El pastor totalmente asustado se dispuso a obedecer a Dios, se quitó el zapato y El Señor le mostró al hermano y le dijo “ve y pégale”.


Por “casualidad” era Juan, quien recibió un zapatazo tan fuerte que lo hizo caer de espaldas varios metros atrás.


El pastor asustado por lo que hizo, miró expectante la reacción de Juan. El se imaginó que cuando Juan se levantara lo iba agredir.


Para sorpresa de él y de todos los que presenciaron el espectáculo, Juan corrió hacia el pastor y lo abrazó y le dijo “Gracias , hoy he sentido el toque de Dios”.


Juan por medio del zapatazo sintió una transformación en su interior, tan profunda que se olvidó del moretón que el zapatazo de Dios le dejó en la frente.


😊Cuidado con las oraciones a Dios desafiantes.


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sábado, 11 de septiembre de 2021

La confianza en Dios


En la capilla de la Academia Naval de Annapolis (Maryland), Estados Unidos, el vitral del prebisterio muestra al apóstol Pedro hundiéndose en las aguas del mar de Galilea. 


El momento allí evocado es aquel en que el discípulo extendió su mano hacia Jesús y gritó: “¡Señor, sálvame!” (Mateo 14.30). Parece evidente que esa obra de arte está allí para que los marinos tengan en cuenta que en los naufragios y en otras crisis de la vida es necesario clamar a Dios y confiar en él. 


Hemos leído que, durante la Segunda Guerra Mundial y en otros episodios bélicos mucho más recientes, hubo numerosos cristianos que oraron a bordo de sus naves cuando la situación era desesperante y pusieron su esperanza en el Supremo Hacedor. 


Tal vez algunos de ellos recordaron entonces la escena representada en la Capilla de la Academia Naval.

Mateo 14:28 -29-30

Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame!


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sábado, 4 de septiembre de 2021

Fe anclada en Cristo


Durante sus vacaciones en la costa, una familia presenció una gran tempestad. Las olas subían a enormes alturas mientras que los vientos fuertes sacudían violentamente las embarcaciones que estaban amarradas al muelle. 


Un niño de doce años, que miraba desde la ventana, se fijó en que sólo la boya flotaba serenamente en aquel turbulento mar y se mantenía en su lugar a pesar de los vientos fuertes. 


El niño comentó con los demás que la boya era la única cosa que había allí afuera que parecía no tener miedo, porque aunque se hundía de vez en cuando, siempre volvía a subir sin daño y en el mismo lugar. 


Entonces el papá les explicó que la boya se mantenía firme a pesar del viento fuerte porque estaba amarrada a un ancla en el fondo del mar, y agregó que también así es nuestra vida. 


Cuando nuestra fe está anclada en Cristo podemos enfrentarnos sin temor y con calma a cualquier viento contrario en la vida. No existe bendición como la de una perfecta confianza en el Señor.


Hebreos 6:19 La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo


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