sábado, 16 de abril de 2022

Sin odios raciales


Después de la Segunda Guerra Mundial era muy difícil para las naciones de Europa desechar los prejuicios que se habían originado por causa de los sufrimientos que unas y otras habían tenido. 


En una iglesia bautista internacional, en Suiza, un joven cristiano dinamarqués estaba procurando adorar a Dios con los cristianos de otras naciones. 


En el momento en que se estaba leyendo la Escritura, este joven vio que un soldado alemán, del ejército de ocupación, entraba en la capilla. El cristiano dinamarqués se levantó inmediatamente y salió sin poder ocultar su disgusto. 


Pocos minutos después regresó, y continuó participando en el culto de adoración. En el momento oportuno, en la misma reunión, dio este testimonio: 


“En el momento en que este soldado alemán entró en la capilla, sentí que mi corazón se llenaba de odio en contra de él; pensé en los sufrimientos que hemos tenido por causa de su pueblo, e inmediatamente decidí que no estaría yo en esta capilla con él. Al salir yo, con mi corazón lleno de odio, de repente pensé en el amor de Dios manifestado en la cruz donde Cristo murió por mí... Ciertamente no puedo estar fuera de este culto... este hombre es mi hermano.” 


Mateo 7:12 Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas.


Lucas 10:27 Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.


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sábado, 2 de abril de 2022

Leer la Biblia no es tarea, es placer


Cuéntase que recorriendo los caminos del país de Gales iba un ateo, el señor Hone; iba a pie y al caer la tarde sintióse cansado y sediento. Se detuvo a la puerta de una choza donde una niña estaba sentada leyendo un libro. 


Le pidió el viajero agua; la niña le contestó que si gustaba pasar su madre le daría también un vaso de leche. Entró el señor Hone en aquel humilde hogar donde descansó un rato y satisfizo su sed. Al salir vio que la niña había reasumido la lectura, y le preguntó:


— ¿Estás preparando tu tarea pequeña?

— No señor — contestó la niña—, estoy leyendo la Biblia.— — Bueno ¿te impusieron de tarea que leyeras unos capítulos? — Señor, para mí no es tarea leer la Biblia, es un placer.


Esta breve plática tuvo tal efecto en el ánimo del señor Hone, que se propuso leer él también la Biblia, convirtiéndose en uno de los más ardientes defensores de las sublimes verdades que ella enseña.


Romanos 12:20 Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza.


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